Tiempo Sagrado

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En Occidente se nos ha enseñado que el tiempo fluye en una sola dirección; que el futuro está siempre por delante de nosotros y que el pasado está siempre detrás de nosotros. Además hemos aprendido que su principio de funcionamiento es la causalidad, o causa y efecto, en la que el pasado siempre se derrama para informar al presente.

En cambio, la concepción indígena del tiempo está más atenta a los ciclos de la naturaleza y entiende que el tiempo no sólo avanza como una flecha sino que también gira como una rueda. Por ejemplo, se repiten las estaciones del año, se alternan la noche y el día, y la exhalación sucede a la inhalación. Una y otra vez giran los ciclos, pero sin volver al punto exacto de partida, ya que se observa una evolución. De un verano para otro el niño está más alto, el adulto tiene más arrugas, y han pasado muchas cosas dentro de una comunidad. Por lo tanto, esta percepción del tiempo es más parecido a un espiral.

Para un chamán de elevado entendimiento, este tiempo espiral no solo avanza hacia arriba o abajo como un resorte sino que se enrolla sobre sí mismo muchas veces haciendo que un evento futuro o pasado se intersecte con el momento presente. Así, la causalidad deja de ser el único principio operante en la realidad temporal y se da cabida a la sincronía, es decir, a la coincidencia de sucesos.

El chamán, por lo tanto, entiende que un encuentro fortuito entre personas puede estar tanto o más informado por una relación futura que por una causa pasada. O por ejemplo, si uno pierde el tren no es solo la culpa de la alarma que no sonó en la mañana o del denso tráfico de la ciudad sino que puede haber una razón futura importante de por qué uno debía subirse a otro tren más tarde.

El chamán que opera con esta noción de tiempo es consciente del gran telar que es la vida, y a su vez del hilo con que se teje, y del Gran Tejedor o Tejedora que lo teje. Por esto él o ella está mucho más interesado en el propósito y significado de un evento que en su causa.

Por Marcela Lobos

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Los Cuatro Pilares de la Rueda Medicinal Maestra ®

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PINTURA DE LYNN BERRYHILL

Las enseñanzas de Los Cuatro Caminos están basadas en una cosmovisión ancestral chamánica con apertura al conocimiento más progresivo que existe hoy en las distintas áreas de la ciencia.

El programa Rueda Medicinal® Maestra está firmemente anclado en las cuatro direcciones cardinales de la Tierra y la sabiduría antigua de sus pueblos.  Pero además, tiene cuatro pilares que la sujetan con solidez mientras adquiere dimensión hacia el cielo.

Estos cuatro pilares son:

1) Un cuerpo completo de enseñanzas milenarias que no caducan con el tiempo sino que se hacen más ricas a medida que uno profundiza en ellas. Estas enseñanzas nos dan una perspectiva del ser humano y de su relación con el cosmos.

2) Una filosofía práctica de sanación que incluye cuatro técnicas maestras:

            * El proceso de Iluminación ~ borra huellas kármicas del pasado.

            * La Extracción ~ nos libera de energías intrusas.

            * La Recuperación de Alma ~ nos devuelve nuestra vitalidad  y pasión.

            * El Gran Rito de la Muerte ~ nos libera de nuestro pasado y sus ataduras, y nos despierta la conexión con nuestro destino más luminoso.

3) Ritos iniciáticos que nos conectan a linajes de hombres y mujeres medicina del pasado, presente, y futuro.  Este cuerpo de diez iniciaciones se llama Munay-Ki en lengua Quecha. Uno ya no está solo sino que trabaja con poderosos y sabios linajes.

4) Dieciséis prácticas que nos permiten integrar y sujetar el conocimiento con consciencia y naturalidad.

Los chamanes de alto nivel dicen que uno no solo invoca al espacio sagrado sino que debe aspirar a convertirse en espacio sagrado. Al circular por la Rueda Medicinal Maestra uno se convierte en una fuente clara y dinámica dónde convergen naturalmente las energías del cielo, de la Tierra, y de sus cuatro direcciones.

Vivir en Ayni

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En los Andes y valles de tradición quechua, la salud y el bienestar de una persona o pueblo está íntimamente ligado a su sentir, pensar, y actuar en relación a los demás y a la Tierra.

Cuando una persona es bondadosa en su corazón, en su mente, y en su trabajo, esa persona está en AYNI con el mundo, y la vida lo reconoce dándole vigor y prosperidad.

Ayni significa reciprocidad: así como uno entrega uno recibe. Pero ojo que aquí existe una sutileza muy poderosa porque un corazón no es puro cuando entrega pensando en lo que va a recibir de vuelta. Es en la ayuda y devoción desinteresada e incondicional que uno acumula salud y solvencia espiritual .

 En nuestra cultura materialista e individualista operamos de manera contraria al Ayni; siempre se trata de “mi” y de lo que yo voy a recibir. Cuando entrego estoy contabilizando cuidadosamente cuánto estoy dando para luego cobrarlo.

 No se trata de convertirse en un mártir que da de su propia sangre y por lo mismo se siente más santo. Simplemente uno ayuda cuando sabe que tiene que ayudar y confía en que cuando uno este en necesidad la vida le va a retribuir.

 La imagen de un río que fluye nos ayuda a entender esto. Uno deja que su ayuda fluya hacia delante sin esperar ser nutrido por quienes uno ha ayudado sino que la ayuda vendrá desde dónde tenga que fluir al momento de necesitarla.  Es así que uno cultiva la entrega incondicional y la confianza en la vida.

 En los pueblos quechua también se práctica el AYNI  haciendo ofrendas a la Pachamama o madre Tierra, al Inti o padre Sol, y a las demás fuerzas de la naturaleza que nos proveen la vida. Se les agradece por este cuerpo y todo lo que lo sustenta para que nuestra alma pueda tener esta experiencia de vida.

 Practiquemos el Ayni, la bondad sin miedo ni recelo, y también dejemos que la abundancia fluya hacia nosotros. A medida que sanamos nuestro egoísmo, desde lo más profundo nace un sentimiento de prosperidad que más luego que tarde el Universo nos refleja con creces.

 Aho!

 Marcela Lobos

Somos hijos de la Inquisición?

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Hace un par de años escuché a una amiga chamana tolteca decirle a un grupo de estudiantes: “Somos los hijos de la Inquisición! Quinientos años de tortura, castigo, y matanza a quienes tenían el conocimiento y la sabiduría para sanar y ser autosuficiente”.  En ese momento los pelos de mis brazos se erizaron reconociendo el poder de la verdad en sus palabras.

Decidí entonces informarme en detalle sobre los hechos, y a observar de manera consciente los perjudiciales efectos de tal Institución en nuestra cultura occidental.

 En el año 1231 el Papa Gregorio IX estableció  la Inquisición  para la captura y juicio de “herejes” y disidentes. Aun cuando la Iglesia Católica Romana fue la creadora de esta plataforma de persecución, en ningún caso fue la única. Con entusiasmo siguieron su modelo las Iglesias protestantes incluyendo a  luteranos, calvinistas, y anglicanos.

 Ninguna de estas persecuciones hubiera sido posible sin el permiso y cooperación de los gobiernos seculares. Las autoridades de la Iglesia y el Estado se confundían en una sola y el ciudadano tenía que seguir la religión del rey. En muchas ocasiones un delito en el campo religioso era considerado como atentatorio contra la autoridad civil.

El clérigo educaba a los monarcas o jefes de gobierno en los motivos de la persecución y en los métodos de hostigamiento que iban desde la tortura a la muerte.

 En un comienzo se persiguieron a “herejes” tales como los cátaros en el Sur de Francia y los valdenses en el Norte de Italia, pero pronto también se acosó al clérigo del antiguo culto a la Diosa tildándolos de hechiceros o brujas.

Por trescientos años, entre 1450 y 1750, existió la “cacería de brujas” en un 90% en contra de mujeres y el resto hombres. Se persiguieron a curanderos y curanderas, parteras y medicas, sacerdotisas y pitonisas. Pero también se aprovechó de acusar de hechicero o bruja a toda persona quien airara a la Iglesia.

 Hoy en día en nuestra cultura sentimos un fuerte llamado a recuperar nuestra sabiduría natural y ancestral, y a su vez sentimos una fuerte resistencia o miedo oculto a “empoderarnos”. Cuando nos enfermamos vamos al doctor; cuando  queremos una vida con más sentido espiritual vamos a la Iglesia; y a su vez permitimos que nuestros gobiernos tomen decisiones tóxicas para nosotros o el medio ambiente.

 Es hora de despertarnos y cuidar y reclamar lo que nos pertenece!

Todos los seres humanos somos indígenas y aborígenes de la Tierra, y tenemos no solo el derecho sino que la obligación de recordar la sabiduría y la medicina de nuestros ancestros y de nuestra Madre.

A su vez, todos somos hijos del mismo Espíritu o fuente de consciencia, y podemos aprender a mantener un altar y rezarle directamente. Si vamos a la Iglesia es para cultivarnos, profundizar, o sentirnos en comunidad, pero no entregamos nuestro propio poder de conexión. El Espíritu está en todo y en cada uno de nosotros, y la manera más  efectiva de rezarle es con sinceridad y humildad.

 En cuanto a nuestro destino como civiles, debemos soltar la flojera y la apatía y convertirnos en un oasis de consciencia para nuestra comunidad ayudando a otros a recordar como empoderarse, no con palabras sino que siendo un ejemplo.

Con fuerza, compasión, y entendimiento –y sin rabia- creamos comunidades más sanas para nuestra vida y las generaciones que vienen con respeto a todos los seres sintientes.

 Con amor,

 Marcela Lobos

¿Qué tienen en común el estrés y un jaguar sobre un árbol?

d3ad8fbe-cdfa-4878-b313-6c93167ccd22Cuando vivimos una situación estresante nuestro cerebro estimula la producción de hormonas, principalmente cortisol y adrenalina, para la supervivencia a corto plazo. El hipotálamo y la hipófisis mandan señales a las glándulas suprarrenales para que liberen estas hormonas y nos preparen para la “lucha o huida”.

El cortisol modifica el metabolismo para liberar grandes cantidades de glucosa en la sangre, es decir, energía extra. Para esto se dejan de lado importantes funciones inmunológicas, de digestión, y crecimiento.

La adrenalina aumenta el ritmo cardíaco y de respiración, estrecha vasos sanguíneos, aumenta la velocidad con que circula la sangre y dilata los bronquios, aumentando así la entrada de oxígeno al cuerpo. También disminuye la irrigación sanguínea cerca de la piel y del sistema digestivo para aumentar la energía disponible en los músculos.

Este maravilloso recurso de nuestro sistema nos puede salvar la vida en una situación de peligro, pero si se mantiene activado a mediano o largo plazo nos puede costar muy caro con consecuencias tan graves como cardiopatías, insomnio, diabetes, depresión, y pérdida de la memoria.

El problema está en que este es un mecanismo de alimentación hacia delante, es decir, mientras más cortisol y adrenalina se liberan, más señales de peligro percibimos y mientras más señales de peligro, más se producen las mismas hormonas.

¿Cómo se termina este círculo vicioso?

Para los chamanes de la selva amazónica esta situación es semejante a cuando un jaguar se asusta y se sube a un árbol y luego no quiere bajar hasta que se siente a salvo.

Estos chamanes saben que para desacoplar el mecanismo de lucha o huida en una persona, ésta tiene que sentirse visceralmente segura. No basta con decirle a su mente que el peligro ya ha pasado, sino que tiene que vivenciar esa seguridad.

En la clase del Sur de la Rueda Medicinal aprendes los procesos chamánicos para “bajar al jaguar del árbol” y para vivir en un mundo seguro que te apoya.