Vivir Con Propósito

   

 Erase una vez en la Edad Media cientos de obreros trabajando para levantar la catedral de Chartres en Francia. Los canteros daban allí mismo forma a cada piedra para luego ser elevadas con gran esfuerzo a su lugar de destino. Era un día de verano muy caluroso y el trabajo se hacía aún más duro y las obras más lentas.

Un viajero que pasaba por allí se acercó para buscar una sombra y de paso conversó con un obrero.

-¿Qué está haciendo usted, buen hombre?

-Pues ya lo ve, picando esta enorme piedra bajo este sol infernal y así un día tras otro, un mes tras otro, una año tras otro.

Mientras descansaba al viajero le llamó la atención otro obrero quien sudaba profusamente, pero aún así le quedaba ánimo para silbar. Y volvió a hacer la misma pegunta, pero para su sorpresa la respuesta fue completamente distinta.

-¿Qué está haciendo usted, buen hombre?

-¡Estoy construyendo una catedral!

Con esta historia podemos distinguir como nuestra percepción de la realidad influye en que nuestra vida sea completamente burda o sagrada.

Si mi visión es amplia y conecto mi hacer con un propósito elevado, entonces mi vida tiene sentido y eso me ayuda a sobrellevar los momentos duros y difíciles. Pero si mi visión es angosta y solo percibo mis esfuerzos del minuto, entonces me resiento, me frustro, y sufro.

Los guardianes de la Sabiduría reconocen que es más efectivo cambiar la percepción de la realidad que la realidad misma. Cada uno tiene el poder interno de cambiar la perspectiva desde la cual ve o interactúa con la realidad externa, pero no siempre tiene el poder para cambiar el orden de las cosas.

Te invitamos a reflexionar cómo es tu relación con tu trabajo o con tus esfuerzos y quehaceres de cada día. Puedes darle más sentido a lo que haces? Puedes conectar tu hacer con un propósito más trascendental? Tal vez reenfocar tus esfuerzos para hacer un bien a la sociedad?

Si tu respuesta es “no” a todas estas preguntas, es posible que debas reevaluar cómo y dónde inviertes tus energías.

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